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Nevado de Toluca o Xinantecatl: Un año
despues
Camino al Nevado de Toluca, mientras veía los
grandes bancos de nubes y la neblina que lo cubrían, llegaron los
recuerdos de la última vez que habíamos estado en ese hermoso
volcán. La mente, obstinada, volvía y volvía a los
recuerdos turbadores del terrible cansancio que nos agobiaba después
de la interminable caminata a la que nos había conducido una decisión
equivocada en una encrucijada del camino.
Los grandes momentos vividos y el aprendizaje obtenido se perdían
en la memoria como el volcán tras la niebla, sin embargo en alguna
parte de nosotros esas vivencias aun estaban dando sus frutos y su sabor
era aquello que nos compelía a volver...
Al llegar, inmediatamente hicimos los últimos
ajustes a nuestras mochilas y después de una breve platica para
explicar los ejercicios de atención y conciencia que íbamos
a realizar a lo largo del camino, abrimos la primera puerta e iniciamos
el ascenso por la conocida vereda que nos recibió con los brazos
abiertos. Apreciamos que la neblina se batía en retirada conforme
íbamos avanzando permitiendo que el bosque nos llenara los ojos
con diferentes tonos de verde; las nubes se adelgazaron permitiendo que,
de vez en cuando, el sol asomara dando brillo a las gotas de rocío
que la neblina había dejado; el bosque se torno luminoso y los
pajarillos, desembarazándose del frío matinal, iniciaron
alegres cantos de bienvenida a los rayos del sol; el clima era el ideal
para ascender.
Avanzamos lentamente por un par de horas hasta que nos
encontramos con unos campesinos que nos dijeron que por esa ruta se daba
un largo rodeo y que "ahí adelantito" se encontraba una
vereda que ascendía directo al volcán.
Después de avanzar unos 20 minutos y ver que la dichosa vereda
no aparecía, decidimos crearla con nuestros pasos e iniciamos el
ascenso a campo travieza, no sin antes abrir la segunda puerta.
Inmediatamente un cambio se opero en nuestro ser, la sensación
de Aventura despertó nuestros sentidos y toda la vivencia se intensifico;
múltiples olores, sonidos y colores saturaron nuestro sentidos
y entonces "sentimos" a la Montaña y supimos que estaba
contenta de que anduviéramos por las sinuosidades de su cuerpo.
El paso se hizo ligero y rápidamente llegamos a los límites
del bosque y un poco después a la carretera. Antes de cruzar esa
puerta decidimos regresar a los límites del bosque para tomar nuestros
alimentos resguardados del viento y también para recoger un poco
de leña que utilizaríamos en la noche para encender el fuego.
Después de agradecer a la Madre Tierra por sus generosos dones,
compartimos nuestros alimentos que fueron devorados y saboreados con el
hambre que da un buen esfuerzo realizado.
Finalizado el banquete hicimos un ejercicio de conexión
con la conciencia de los arboles que nos llevo a un viaje al fondo de
nuestro corazón para traer a nuestra conciencia nuestros más
íntimos secretos y anhelos.
Terminamos con un agradecimiento a todos los arboles por proporcionarnos
parte de su ser para alimentar al abuelo fuego. Luego nos abocamos a recoger
la leña y después, con unos tres o cuatro kilos adicionales
sobre nuestros hombros, continuamos el ascenso. A los primeros pasos la
altura provoco los primeros estragos: dolores de cabeza y estomago aparecieron
en la mayoría de nosotros haciéndonos dudar de nuestra capacidad
de continuar...
Después de deliberar un poco si agarrábamos
la carretera o continuábamos a campo travieza, la locura se impuso
y, abriendo la tercera puerta, enfilamos a la parte mas baja de la cresta
del cráter a campo travieza. Conforme íbamos avanzando nuestra
atención se iba incrementando e hicimos un descubrimiento asombroso:
¡la montaña nos iba mostrando la mejor forma de caminarla!,
la ruta se mostraba nítida entre pequeñas colinas, piedras
y arbustos. Aun en las partes exigentes como en los deslaves del volcán,
que semejaban ríos de roca y en donde tuvimos que abrir la cuarta
puerta, el avance era suave y gozoso, era como ir acariciando el cuerpo
del ser amado.
Con apenas un poco de cansancio llegamos a la parte más baja de
la cresta desde donde pudimos observar la magnificencia del cráter
con sus dos lagunas y el montículo que las separa, el espectáculo
era hermoso, sin embargo nuestro destino del día siguiente, al
otro lado del cráter, permanecía oculto tras una cortina
de niebla...
Después de tomar un breve descanso y tras abrir la quinta puerta
iniciamos el descenso al cráter y una vez en el fondo nos dedicamos
a buscar el mejor lugar para acampar.
Cuando lo encontramos, ya las sombras de la noche empezaban a envolvernos,
por lo que rápidamente nos dedicamos a poner las tiendas y a formar
la teca para el Tatewari.
Se presentaron algunos problemas técnicos con una tienda que afortunadamente
pudimos resolver, pero otro problema mas fuerte estaba en puerta: prácticamente
toda la leña estaba húmeda y un viento helado empezó
a soplar dificultando en grado extremo que pudiéramos encender
y mantener un fuego. No había razón de peso para que el
Tatewari no quisiera encender pero lo que si quedo claro es que debemos
ir mejor equipados para encender un fuego en la alta montaña.
Después de casi una hora de esfuerzo sostenido
por fin el Tatewari dio visos de "buena salud" y pudimos empezar
el trabajo. Iniciamos con el compartir las experiencias personales del
día transcurrido. Este trabajo se vuelve fundamental para la integración
energética del grupo además de enriquecer la experiencia
de cada uno. Luego hicimos un trabajo de "declaración de pendientes",
en el que tomamos conciencia de las cosas que nos faltan por hacer antes
de morir. Con este trabajo y precisamente en el lugar donde hace un año
iniciamos el taller del Poder de la Montaña, ahora iniciamos la
última fase de la preparación para la ascensión al
Aconcagua.
Después de una sabrosa merienda nos fuimos a descansar, meditando
acerca de nuestros pendientes de vida...
Seria por pensar en los pendientes o por la altura o
porque el espacio en la tienda era muy reducido, pero la mayoría
no pudo dormir bien, por lo que al rayar el alba costo trabajo levantarnos
e iniciar actividades. Pasadas las ocho y después de un frugal
desayuno enfilamos hacia la vereda que sube hacia el pico del Fraile,
la segunda cresta mas alta del Nevado de Toluca.
Llegamos al borde de la laguna menor, mejor conocida
como "Laguna de la Luna" y ahí, donde nuestros antepasados
veneraban a Tlaloc "el espíritu de la lluvia", rogamos
al Poderío del Agua que nos limpiara la vista para poder "ver"
aquello que la montaña tenia que mostrarnos y limpiando nuestros
ojos con la cristalina y helada agua quedamos listos para recibir lo que
la montaña quisiera darnos.
Al llegar adonde iniciaba la vereda ascendente abrimos
la sexta puerta. Sintiéndonos cada vez mas comprometidos con la
montaña, iniciamos el ascenso por una vereda que a primera vista
no se veía muy empinada pero al recorrerla sentimos inmediatamente
los efectos de la altura por lo que reducimos el ritmo al mínimo
indispensable. Subiendo lentamente tuvimos la oportunidad de ir disfrutando
el magnifico paisaje del inmenso cráter del volcán con sus
dos lagunas cuyas aguas cambiaban de color jugando con la luz del sol
que aparecía y desaparecía entre las nubes y la neblina
de las zonas mas altas del cráter.
Por el camino se nos unieron unos amigos que entablaron
una sabrosa platica en la cola de la fila que íbamos formando,
por lo que en el siguiente descanso tuvimos que platicar con ellos mencionándoles
un poco el tipo de trabajo que íbamos haciendo e invitándolos
a que se unieran a nuestra forma de relacionarnos con la montaña.
Un amigo de nombre Alejandro acepto y el otro amigo de nombre Hector nos
dijo que el traía su propio asunto y dándonos las gracias
por la invitación arranco a un ritmo impresionante dejándonos
atrás en cuestión de minutos.
Al llegar a un punto donde confluían varios caminos e iniciaba
una pendiente bastante pronunciada supimos que estabamos ante la séptima
puerta y ofreciendo a la montaña nuestra atención y energía
pasamos a través de ella. Aquí el esfuerzo se incrementaba
y los que no han hecho la preparación como deberían empezaron
a sufrir las consecuencias. Haciendo varias paradas cada vez que alguien
lo requería, aprovechamos para disfrutar del paisaje que percibíamos
como un magnifico ejemplo de la armonía de los opuestos: por un
lado, inmutables, las imponentes rocas que forman las laderas del cráter
y por el otro, cambiantes, las juguetonas nubes y las coloridas aguas
de las lagunas.
En todo este tiempo habíamos avanzado por la ladera
interna del cráter, pero en un momento dado llegamos al "espinazo"
donde otro espléndido regalo nos esperaba. Al otro lado de la montaña
un hermoso bosque de media montaña entro por nuestros ojos y nos
lleno el cuerpo de un jubilo inexplicable, era la vida festejando a la
vida!
Y así llegamos a donde inicia la roca, sin duda
la octava puerta, antes de cruzarla el camino se vislumbra incierto, difícil
y peligroso, pero al cruzarla, la atención mas enfocada va descubriendo
la ruta que, si bien exigente, se torna amable al mostrarnos infinidad
de apoyos que nos permiten usar manos y piernas y de esta forma relacionarnos
mas íntimamente con la montaña.
Avanzando como decía mi abuelita: "lento
pero seguro" y saboreando la firmeza de los apoyos que nos permitían
ascender en algunas ocasiones casi verticalmente poco a poco nos acercamos
a la cumbre del pico del Fraile. Al llegar y después de un rápido
vistazo para empaparnos de belleza nos reunimos en un fraternal abrazo
y le gritamos a la montaña nuestro saludo cargado de respeto, de
alegría, de poder, de determinación, en fin de ganas de
vivir: ¡AQUI ESTOY!
Luego de compartir nuestro sentimiento de ese momento,
presentamos nuestras ofrendas a las cinco direcciones del mundo y las
entregamos a la Montaña comprometiéndonos de ese modo a
utilizar en nuestra vida cotidiana el conocimiento adquirido a través
de los regalos de la montaña.
Cual no seria nuestra sorpresa cuando al terminar nuestro
ritual nos dimos cuenta que Hector, el amigo que nos había dejado
atrás rápidamente, estaba junto a nosotros de regreso ya
de la cumbre mas alta del cráter del Xinantécalt, pero eso
no era todo, también estaba preparando su propio ritual de agradecimiento
a la montaña y de petición por la paz y el amor universal,
al cual sin mediar palabra nos unimos de corazón.
Y después juntos compartimos y admiramos en silencio la belleza
y magnificencia de esta nuestra madre Tierra con la conciencia que solo
se logra después de caminar sus caminos.
Después de la foto del recuerdo, que esta ves
corrió por parte de Hector (y que esperamos recuerde enviárnosla
por e-mail), iniciamos el descenso con el cuidado y atención que
requiere bajar por roca, pero al llegar al camino arenoso el cuerpo exigía
una carrerita de poder y ni tardos ni perezosos, los que podíamos,
nos deslizamos rápida y felizmente cuesta abajo; con pequeños
descansos para tomar aire y descansar las piernas llegamos al nivel de
las lagunas felices de la vida y solo un poco cansados.
Pero contra lo usual al bajar montaña, aun faltaba
ascender la cuesta de la parte mas baja del cráter para salir de
el y esa si que se nos hizo pesada, sin embargo nuestro estado de animo
nos permitió subirla sin mayor problema, al llegar a la parte de
arriba y después de descansar unos momentos, nos despedimos de
la montaña llevándonos la magnifica vista del cráter
en nuestros corazones. Continuamos descendiendo tratando de evitar la
carretera, sin embargo en cierto momento tuvimos que andar un tramo sobre
ella y entonces si que empezamos a sentir el cansancio acumulado. En cuanto
pudimos salimos de ella y enfilamos directamente al pequeño albergue
de abajo a través de los suaves caminos del bosque que fueron un
bálsamo para nuestras cansadas piernas.
La experiencia había finalizado,
esta vez la enseñanza adquirida con mucho mas placer que dolor.
Si, definitivamente, el inicio del Otoño marca el tiempo de cosechar
lo que has sembrado.
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