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Viaje Espiritual al México Mágico
Llegamos a Oaxaca sin más contratiempos.
Luego de acomodar nuestras cosas y descansar pasamos a la presentación
del evento en donde quedaron claramente establecidos y aceptados los lineamientos
de conducta que esta actividad exige. Para terminar el día hicimos
nuestra primera y deliciosa caminata de atención nocturna que nos
llevo a un sitio especial donde, uno por uno, le gritamos al intento nuestra
intención para estar en este viaje. Para reforzar nuestra intención
mientras regresábamos hicimos una marcha de poder.
| DIA
1. A la mañana siguiente fuimos a recorrer los alrededores,
a sentir el tono de la población y admirar las bellezas naturales,
siempre en caminata de atención. Al llegar a un lugar apropiado
saludamos ritualmente al lugar y luego hicimos un ejercicio de atención
ayudados por una árbol amigo. Ya en un estado de atención
especial nos subimos al árbol para, desde sus alturas, sentir
la fragilidad de la vida pero también para disfrutar de su
reconfortante abrazo. Al regresar relajamos nuestros cuerpos con
ejercicios de enraizamiento bioenergético y luego de un sabroso
almuerzo pasamos a la presentación de los siete pasos del
KINAM, tema que genero gran entusiasmo e interés de los participantes,
tanto que la exposición se alargo durante el resto del día.
Una por una las áreas de estudio y practica del KINAM fueron
expuestas así como también su proyección a
los largo del viaje espiritual que estábamos iniciando. |
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DIA 2. Al día siguiente
nos fuimos siguiendo un sendero que corre a los largo de un canal
de agua, el recorrido es muy agradable ya que a ambos lados del
camino hay árboles que generan una fresca sombra, por el
camino nos encontramos con un limonar “silvestre” lleno
de limones que todos disfrutamos con fruición. Al llegar
al río que provee de agua al canal nos encontramos con una
cascadita que nos servio para realizar el ejercicio de asignación
de nuestros “nuevos” nombres (en nawatl), actividad
imprescindible para salir definitivamente de lo cotidiano y para
cultivar la atención a los largo del viaje. Al regreso y
después de los ejercicios bioenergéticos y el almuerzo,
continuamos con los temas del KINAM que nos habían faltado
y posteriormente pasamos a la explicación de la poderosa
técnica de la recapitulación, después de comer
y descansar hicimos los primeros intentos para entrar en el proceso. |
DIA 4. Continuamos recapitulando toda
la mañana siguiente hasta que sentimos que había sido suficiente.
La montaña nos llamaba otra vez para una aventura nocturna. Después
de la comida y ya listos con todo el equipo necesario subimos de nuevo
a la Cieneguilla. Desde ahí iniciamos la subida por una vereda
en el bosque hacia un lugar muy agradable que, días antes, un lugareño
nos había mostrado y donde planeábamos pernoctar, sin embargo
el camino se alargaba y alargaba y no pudimos encontrarlo.
DIA 5. Después de una noche deliciosa,
muy temprano en la mañana levantamos el campamento y “escondimos”
nuestras mochilas pues íbamos a subir a la cumbre de la montaña
para recibir el sol. Disfrutando del ambiente matinal en la montaña
subimos lentamente en caminata de atención. Llegamos a un “espinazo”
donde pudimos ver hacia el otro lado de la montaña, hacia el este.
El sol aun no salía y el paisaje era de ensueño, una tenue
neblina cubría las verdes montañas de la cordillera norte.
Decidimos subir un poco más para recibir al sol en el lugar más
alto posible. Puntual a la cita, el astro rey nos acaricio el rostro con
su esplendor y con todo nuestro ser “jalamos” su energía
hacia nuestro cuerpo y nos llenamos de el, luego permanecimos en estado
de meditación por un largo rato, disfrutando de su luz y su calor.
Felices de la vida regresamos por nuestras mochilas y luego nos encaminamos
al poblado donde nos esperaba un delicioso desayuno en casa de la tía
Pila.
DIA 7. Después de “peregrinar”
por nuestro interior en la primera etapa, iniciamos nuestro peregrinaje
por los lugares sagrados de los zapotecas. El primer sitio fue Guiengola,
uno de los últimos centros ceremoniales construidos por los zapotecas
y que no ha sido reconstruido por los arqueólogos.
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Ubicado en lo alto de un cerro,
Guiengola domina todo el valle que se extiende alrededor y es un
centro de poder donde confluyen las energías del golfo de
Tehuantepec (Pacifico) y el golfo de México (Atlántico).
Con mucho respeto iniciamos el ascenso en caminata de atención,
llevábamos media hora caminando cuando nos alcanzo el guardia
del lugar que, sonriente, se ofreció a guiarnos. Generalmente
no aceptamos ese tipo de guías porque la versión “oficial”
acerca de los sitios arqueológicos no nos interesa, sin embargo
algo había en este personaje que nos llevo a aceptar su ofrecimiento.
Y no nos equivocamos, sencillo, respetuoso de nuestro modo de hacer
las cosas y dueño de una percepción fuera de lo común,
nuestro guía nos deleito con historias “paranormales”
acerca del lugar y de otros lugares cercanos y nos llevo a los sitios
más poderosos del emplazamiento. En ellos realizamos ejercicios
de Kinam para acrecentar la conciencia. Llenos de poder, recibimos
el regalo del lugar: Una paz y una alegría infinitas y el
mensaje: “Trátate bien, no tienes que sufrir forzosamente
para obtener conocimiento”.
Ya cayendo la noche nos encaminamos
a Tehuantepec para comer algo, ya estábamos comiendo cuando
nos dimos cuenta que arriba en el cielo estaba sucediendo un espectáculo
maravilloso; ¡un eclipse de luna! ¡El Universo reflejaba
la maravilla y el misterio que llevábamos dentro! …
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Ya con luz de luna llena nos dirigimos
a la playa a buscar un lugar donde pernoctar, con tan buena suerte que
encontramos una gran palapa solo para nosotros y además gratis
porque el dueño ¡nunca apareció!
El momento del encuentro con otro gran poderío había llegado.
En caminata de ciegos nos acercamos lentamente a ella, la escuchamos,
la olimos, la sentimos con los pies y finalmente la bastedad de la Mar
apareció ante nuestros ojos. No pudimos evitar el anhelo intenso
de fundirnos con ella y con gritos de júbilo, corriendo y brincando
como niños nos sumergimos en ella. Y ella, además de acogernos
en su tibieza, nos tenía preparado otro gran regalo: con cada movimiento
de nuestro cuerpo el plancton irradiaba fosforescencia verde, ¡parecía
que la dicha de estar vivos se nos salía por todos los poros de
la piel en forma de luminiscencia verde! En la noche, flotando en la oscura
inmensidad de la mar, parecíamos ángeles verdes…
DIA 9. Iniciamos el día muy temprano
en la mañana pues había que hacer todos los preparativos
para “El abrazo de la Tierra”. Guiengola había indicado
ya el tono que debía tener este entierro y el resto de nuestro
viaje. Así que a medio día descansamos y reiniciamos actividades
dando las cinco de la tarde. A pesar de que el trabajo en el interior
de las “tumbas” fue muy intenso, fue una de las noches mas
tranquilas que hemos tenido en este tipo de actividad. Todos pudimos percibir
el inmenso amor de nuestra Madre.
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DIA 11. Rebasados
los miedos y las debilidades con la voluntad de crecer, nos quedamos
vacíos. Sin dolor, sin lucha, sin esfuerzo, solos en el bosque,
percibiendo la sabiduría de la Naturaleza, cada uno fue encontrando
las respuestas que necesitaba para su vida… |
DIA 12. Se fueron unos y regresaron
otros, los rostros reflejaban al otro yo de cada uno. El re-encuentro
fue gozoso. Si, tienes que saber estar solo para saber apreciar
la compañía, para saber integrarte, para saber compartir.
Y eso es lo que todos anhelábamos, así que, fundimos
nuestras voluntades de crecer en un ritual con el abuelo fuego como
crisol y como testigo. Luego agradecimos y nos despedimos del lugar
y mientras esperábamos que llegara la Van compartimos nuestras
experiencias. Una mezcla de tristeza y alegría reinaba en
el ambiente. Tristeza porque nuestro viaje se acercaba a su fin
y alegría y entusiasmo por regresar al hogar y emprender
las tareas de vida que a lo largo del viaje y a través de
la visión se habían revelado… |
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DIA 13. Nuestro viaje llegaba
a sus momentos culminantes con la visita al portentoso centro ceremonial
de Daany Beedxe mejor conocido como Monte Alban. A simple vista
se puede apreciar el portento científico y tecnológico
que implico la construcción de este lugar. Pero nuestros
objetivos iban mas allá de una simple admiración del
conocimiento antiguo, queríamos percibirlo, vivenciarlo,
aunque fuera solo un poquito. Así que, en la antigua entrada
al lugar, lejos del bullicio de los turistas, nos preparamos con
respiraciones y ejercicios de Kinam. Despacio, practicando continuamente
respiraciones y posiciones de Kinam, fuimos recorriendo y percibiendo
la energía de las zonas que integran el lugar. Donde lo sentimos
apropiado practicamos las respiraciones mas poderosas para acrecentar
la conciencia. Empezábamos a “volar” cuando un
participante, que se nos había “adelantado”,
nos pego un susto que nos “aterrizo” de inmediato. Afortunadamente
se recupero rápidamente y todo termino en risas y bromas.
El salto para él fue muy fuerte y sintió claramente
que un límite había sido roto. Ese fue su regalo.
Y todos colaboramos para que así lo asumiera. Y así,
fue también nuestro regalo.
Para compensar la experiencia, al salir de la zona arqueológica,
nos dimos un tiempo para comprar obsequios. Luego nos dirigimos
a la casa a comer algo y recoger nuestras cosas, estábamos
ya listos para partir cuando, inesperadamente pues había
sol, empezó a lloviznar y casi nos pusimos a llorar…
¡pero de felicidad! pues se formaron dos arcoiris tan cerca
que ¡casi los podíamos tocar! Era un fantástico
gesto de despedida, así que agradecimos infinitamente a los
Poderíos y al lugar por este regalo y por tantos regalos
que habíamos recibido y partimos felices pero con un dejo
de melancolía pues iniciaba el viaje de retorno… pero
también había emoción porque nos dirigíamos
a Apoala, el mítico lugar de origen de los Mixtecos. Llegamos
ya de noche a Nochistlan donde nos sucedió la octava pinchadura
de una llanta por lo que, captando el mensaje, buscamos un lugar
para pernoctar y luego de una rica cena y un paseito nos fuimos
a dormir.
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DIA 14. El camino a Apoala es fantástico,
por lo que estábamos muy contentos de hacerlo de día. Se
atraviesan lugares mágicos y misteriosos, bosques muy antiguos
y lugares con neblina, pueblitos indígenas donde los niños
se te quedan viendo con cara de extrañeza o te sonríen abiertamente
pero, de cualquier forma, su rostro es hermoso. Y así llegamos
al “mirador” desde donde se ve, hacia abajo, el pequeño
y verde valle donde esta Apoala. Desde ahí saludamos a todo el
lugar con un poderoso grito. Ya en Apoala de inmediato instalamos el campamento
y nos dirigimos a explorar el “cañón” formado
por dos gigantescos riscos en cuyo fondo fluye el rió de Apoala.
El lugar es muy bello e invita a la contemplación y a la meditación.
Así que aceptamos la invitación y en un lugar apropiado,
nos sentamos y nos dedicamos a contemplar la eternidad…
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Luego de un tiempo indeterminado
regresamos al campamento y nos seguimos de largo a explorar una
de las cuevas del lugar. Dentro nos conectamos con el poderío
de la Tierra produciendo sonidos armónicos que rebotaban
por las paredes de la cueva y cuya reverberación nos ayudo
a silenciar nuestro dialogo interno. En un estado de completa placidez
salimos de la cueva.
Nuestro estomago nos aviso que era tiempo de comer por lo que nos
dirigimos al restaurante del lugar y luego de una rica comida se
imponía un paseo por el pueblo. En medio de una ligera llovizna
nos dirigimos al centro del mismo y como la iglesia estaba abierta
entramos a conocerla, este era otro lugar adecuado para la contemplación
así que continuamos cultivando nuestro estado meditativo.
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Al salir ya había dejado
de llover por lo que nos animamos a ir a la cascada. Bajando con
mucho cuidado por un camino empinado y resbaloso llegamos a la hermosa
cascada de Apoala. Este era el lugar apropiado para darle a cada
uno su nombre calendárico tolteca (que previamente habíamos
calculado de acuerdo a su fecha de nacimiento). Fascinados con el
espectáculo saludamos a la cascada y después de un
sencillo ritual de limpieza, por medio de otro sencillo ritual de
aceptación, le fuimos asignando sus nombres toltecas a cada
uno. Ya entrada la noche regresamos al restaurante y mientras esperábamos
por la cena le fuimos explicando a cada uno las “tendencias
de comportamiento” de acuerdo a su nombre calendárico
y la forma de reforzarlas o superarlas según fuera el caso. |
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Ya en el campamento encendimos nuestro
último fuego sagrado y realizamos los rituales de cierre y proyección
de lo aprendido a lo largo del viaje. La noche se torno mágica
y casi podíamos percibir los hilos energéticos que eran
lanzados al Universo a través de nuestros ofrecimientos. Al terminar
nadie se quería ir a dormir y de una forma natural empezamos a
comentar nuestras experiencias buenas y no tan buenas a lo largo de todo
el viaje. Los eventos “no tan buenos” se transformaron en
chuscos y nos reímos un buen rato. Pero ya la noche avanzaba y
nos esperaba un largo viaje al día siguiente…
DIA 15. Nos levantamos muy tempranito
y después de levantar el campamento, iniciamos el ascenso en caminata
de atención hacia “la cueva del diablo”, nombre asignado,
por supuesto, por la iglesia católica, donde antiguamente se realizaban
rituales y se entregaban ofrendas a las divinidades del lugar.
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DIA 15. Nos levantamos muy tempranito
y después de levantar el campamento, iniciamos el ascenso
en caminata de atención hacia “la cueva del diablo”,
nombre asignado, por supuesto, por la iglesia católica, donde
antiguamente se realizaban rituales y se entregaban ofrendas a las
divinidades del lugar. Muy cerca de la cueva esta el “guardián”
del lugar, que es un guerrero esculpido en la roca. La actitud corporal
del personaje emana una férrea voluntad como indicando que
es un requisito indispensable para “ir mas allá”,
es decir, para trascender. Y sentimos que ese era el mensaje de
todo el lugar: “Nuestra tarea es trascender con nuestros actos
este plano de la realidad y recuperar la conciencia de nuestra verdadera
naturaleza”.
Así terminaba nuestro viaje, en el amanecer de un nuevo día
en la montaña, con los pies en la tierra pero con la mirada
en el infinito. Con voluntad de hacer cosas pero sin aferrarse a
ellas. Buscando, como el Tolteca, la trascendencia a través
del compartir, a través de crecer juntos.
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